BALDOSAS NEGRAS

Y

BALDOSAS BLANCAS

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Fundación Renacimiento

 

 

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En la Ceremonia de su Iniciación

Hoy es día de gracia para vos. Por eso estáis en Oriente, junto al Venerable Maestro, el  sitio más honrado de la Logia. Si miráis el piso sobre el que se posan vuestros pies, encontraréis una alfombra, objeto éste que siempre ha sido símbolo de lujo y bienestar. Pero a partir de la próxima Tenida estaréis con vuestros Queridos Hermanos Aprendices, en el Norte,  puliendo vuestra Piedra Bruta parado en un piso de baldosas negras y blancas dispuestas en mosaico.

Durante vuestra iniciación habéis hecho unos viajes que empezaron en la Cámara de Reflexiones. Entre los objetos que allí encontrasteis había una rara inscripción trazada en iniciales. Si recordáis la química inorgánica que estudiasteis en el bachillerato, tal vez pensasteis que se estaba haciendo alusión al aceite de vitriolo, que en época de los espagiristas era el nombre del ácido sulfúrico. Aquí debéis entenderlo como algo mucho más oculto, relacionado con la alquimia trascendental que nos capacita para convertir nuestros errores en oro. Según Basilio Valentín, filósofo y alquimista de finales del Siglo XIV, esa inscripción significa: Visita Interiora Terrae Rectificando Invenies Ocultum Lapidem. En Español, Visitad el Centro de la Tierra y, puliendo la Piedra, Encontraréis lo que Oculta. 

Cuando se os dio la luz, visteis a vuestros Queridos Hermanos, cada uno en su lugar, representando el Sistema tradicional de la magia de las Antiguas Escuelas de Misterios. Y en el techo, el cielo estrellado. No hay otra ceremonia en la que se os muestre dicho sistema.  En lo que sigue, solo con vuestro esfuerzo develaréis su significado. Parece difícil. No es así? Pero no os angustiéis. Habéis recibido las herramientas necesarias. Y con ellas debéis trabajar en tres planos: el intelectual, el físico y el moral. Entonces, y solo entonces, volveréis a ver, ya con los ojos del corazón, ese misterioso sistema que nos legaron los antiguos.

Tal vez se os ocurra pensar que la  disposición en mosaico de las baldosas, común en algunos edificios, se deba al caprichoso sentido de la estética del constructor. Eso ocurre todos los días en construcciones profanas. Aquí ese aspecto del piso tiene muchos sentidos, de los cuales hay uno que os quiero mostrar.

Las baldosas blancas representan los logros y  merecimientos que, con vuestro esfuerzo, habéis labrado en la vida para vuestro bienestar. Podéis verlas como las piedras sobre las que podéis cruzar, sin mojaros los pies,  la corriente del río.  Como  han sido puestas allí por vos mismo, conocéis bien el fondo que las sustenta; por eso podéis pararos en ellas con toda confianza. Son vuestras piedras.

Pero notad que también hay baldosas negras. Estas representan el vacío, la inestabilidad. Y esto, porque el abismo es el sitio fundamental de nuestro trabajo. Sólo cuando venimos a la Logia se nos permite ver nuestras baldosas blancas. El resto del tiempo debemos estar en el centro de la tierra, puliendo los cimientos de ese mosaico. Y ya os lo dije, debéis pulirlos en los planos físico, intelectual y moral. Os daré un ejemplo de cómo se hace.

En vuestro abismo encontraréis las piedras sin pulir. Primero, debéis identificarlas en el plano intelectual. Supongamos que, en vuestra reflexión, viene a vuestra memoria una persona que por vuestra causa está en dificultades. Tal vez hablasteis mal de ella; tal vez ofendisteis su dignidad, tal vez tomasteis de ella, abusivamente, algún dinero y en consecuencia ha perdido algunas de las oportunidades que le ofrece la sociedad para labrarse un digno bienestar. En otras palabras, os dais cuenta de que le habéis quitado  de su piso algunas de las baldosas blancas. Identificada la situación, como los cimientos de esas baldosas ajenas no os ofrecen total seguridad, en el plano moral debéis tomar la decisión de compensar con justicia el daño causado. Finalmente, en el plano físico debéis ejecutar lo decidido. Solo así retiraréis las baldosas que no están sostenidas en cimiento seguro.

Cuando hagáis todo esto, observad el piso de vuestra vida. Y cuando lo veáis como un mosaico, como el de la Logia, en el que no hay una sola baldosa blanca labrada con el sufrimiento o el esfuerzo de un semejante, mirad nuevamente al cielo y volveréis a ver la inmensidad del mágico sistema que en este Templo se os ofrece.

Luis Alfonso Mejía Echverri 30o
Orad:.

 

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